El amor de una madre que trasciende al cielo

Como mujer soñadora y amorosa de los niños, siempre soñé con tener dos hijos. Desde muy joven quise ser madre. Tuve un matrimonio que no fue exitoso y afectó mis planes, pero dos años después de mi separación, la vida me tenía guardado el mejor hombre del mundo, mi actual esposo y el papá de mis dos hermosos hijos. A él le debo la bendición de convertirme en MAMÁ. Gracias a él, todos los días puedo oír esa melodiosa palabra de “mamá”. Mis hijos Martín y Luciana, han sido el mejor regalo del cielo.

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Nuestro mayor acto de heroísmo es atrevernos a ser auténticas

Toda la vida quise ser mamá. En el mundo en el que crecí, no serlo simplemente no era una opción, y luego en la universidad entendí que sí existía esa posibilidad. Sin embargo, lo mío era una convicción y no una imposición social. Lo que yo no quería era ser únicamente mamá, porque en mi mundo, las mujeres eran solo cuidadoras. Pero como alguna vez le escuché decir a alguien, podemos escoger con qué parte de nuestro legado nos quedamos.

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